Hola me llamo Iván, tengo 26 años y soy adicto

Desde la infancia ya tenia funcionamientos que lo indicaban pero no pensaba que llegaría a ser un problema. Era caprichoso, impulsivo, no aceptaba un no por respuesta ya que si no me daban lo que quería buscaba mis propios medios para conseguirlo.

Tuve una infancia aparentemente buena, no me faltaba de nada a nivel material pero a nivel emocional se crearon unos vacíos los cuales al empezar la adolescencia empecé a tapar con droga.

Empecé con 13 años a consumir alcohol y marihuana prácticamente a diario con compañeros de clase tanto para tapar esas emociones como para ser aceptado socialmente en el grupo de los mayores y crear un ego de chulería y prepotencia. Con 16 años, el mismo día de mi cumpleaños probé la cocaína.

Los motivos fueron los mismos, mis amigos ya la habían probado y yo aún seguía con los porros y eso no podía ser, tenía que dar un paso más para no quedarme atrás. También influyó que había estado en contacto con la substancia antes en casa de mis primos los cuales tenía idealizados, ya que yo quería ser como ellos.

Desde el principio fue ya un descontrol aunque no tenía conciencia de ello. Aunque fuese sólo el fin de semana los primeros años, el lunes o el martes mi cabeza ya echaba cuentas para saber lo que iba a comprar el viernes para colocarme, dejando a un lado cualquier otro gasto para poder consumir.

En aquel entonces estudiaba mecánica en un centro privado. Cada día recibía dinero para el autobús y comer. Muchos días la comida era cualquier porquería del supermercado para que el viernes llegase a tener suficiente dinero para droga.

Poco después llegaron las pastillas y el mdma a mis manos que tampoco tardé en probar. La sensación que tenía era que me comía el mundo, que era imparable. No tenía vergüenza ninguna y eso me permitía ligar más en las discotecas, ser más sociable que nunca, no tener miedo a nada.

Aunque toda verdad tiene dos caras. A la par que todo lo explicado atrás, también perdía mi dignidad a la hora de conseguir la droga cuando no quedaba dinero, era sociable hasta cierto punto ya que pasaba a violento en cuestión de segundos y cualquier relación establecida era caótica.

Así fueron pasando los años hasta que cumplí los 25. Después de varias relaciones tóxicas por la dependencia y el consumo me fui a vivir solo a un piso. Empecé a tocar fondo consumiendo solo en casa, con paranoias y sin querer ver a nadie, ya que no me sentía a gusto al ir colocado y estar entre la gente. Al mínimo consumo mi cara se desencajaba y sentía que todo el mundo me observaba.

Todo era un desastre, mi vida se hizo ingobernable, no podía mantener el trabajo, ni mi relación con las parejas y no llegaba a fin de mes ni con la ayuda de mis padres, de los que me aproveche para poder seguir consumiendo ya que asumían los gastos a los que no llegaba yo. No podía ir a una cena familiar ni cualquier otro acto sin consumir. No tenia higiene ninguna en el hogar, no podía hacerme cargo correctamente de mi perro, deudas en bares, amigos y camellos.

Un día ya no aguanté más la situación y tuve que decidir si pedir ayuda o tirarme al rio, por suerte elegí bien.

Mi madre buscó un centro y encontró tratamiento de adicciones Inicia. Al día siguiente concertó una entrevista a la cual no iba muy convencido al principio pero Marcos el terapeuta era muy cercano y me transmitió una confianza la cual ha hecho que todo sea mas llevadero.

Al principio fue duro porque no era fácil hablar delante de un grupo pero entendí que era la única manera de recuperarme, junto con unas pautas muy tranquilas con el fin de llegar a parar la cabeza. Es muy necesario hablar de lo que llevas guardando tantos años y lo que va pasando durante el día a día del tratamiento ya que sueltas una presión que no es buena guardarla.

Yo pensaba que sólo era dejar de consumir y hacer terapia y pensaba que podía seguir con mi antigua vida, falsas amistades, entornos tóxicos, etc.

Eso es imposible ya que todo esto sólo puede llevar a un adicto a volver a consumir. Me cósto entenderlo, tanto que incluso empecé a hacer una parte de rutina y a la vez iba haciendo algunos traspiés, hasta que volví a rozar el consumo.

Ahí empecé a creer lo que se me decía gracias a que en terapia se me enfrentó con mi realidad. Lo más importante del tratamiento es dejarse llevar para poder cambiar todos los funcionamientos y las conductas antiguas por una nueva forma de llevar una vida digna y libre de drogas.

Volví a mis pautas marcadas por el centro. Todo fue mejor a partir de ahí, hasta llegar a los 6 meses donde empecé a decidir con mi cabeza enferma y sin consultar al terapeuta. Empezó con una pequeña decisión y acabé en un bucle del cual en poco tiempo echó por el suelo todo el trabajo realizado sin opción de poder salir de él.

Cuando cogí la fuerza necesaria para contarlo en terapia, se me volvió a enfrentar a mi realidad y todo cambió, me di cuenta que no podía seguir así, no podía perder esta última oportunidad que se me estaba dando. Así que decidí ponerme en marcha y dejarme llevar por mucho que costase y hacerlo por mí, ya que no quería volver a consumir jamás.

Fue duro remontar ya que cada día de tratamiento es una guerra contra la enfermedad que sólo quiere volver a introducir el tóxico en el cuerpo o conseguir tapar el malestar con alguna actividad, compras compulsivas o una irrefrenable ansia de tener sexo.

En resumen, el día de un adicto en tratamiento es un reto a llegar a la cama sin haber consumido. Es muy duro y a veces lo mandarías todo a tomar por culo pero en esos momentos nos ponen nuestra realidad delante, el desastre que hemos causado a nuestro paso.

Eso ayuda a tomar conciencia de la situación y da fuerzas para seguir primeramente por uno mismo y a la vez por todos los seres queridos, que han sufrido igual o más que el mismo adicto.

A día de hoy después de 14 meses en tratamiento puedo decir que es lo mejor que he hecho en mi vida. Orgulloso de no consumir, he aprendido a ser mejor persona, responsable conmigo mismo y los que me rodean, constante en todo lo que hago, mantener una higiene en el hogar, mejorar el trato con mi familia y aprender unos valores y una forma de asumir la vida dignamente y con una mente clara y libre de drogas.

Todo esto gracias al equipo terapéutico y al grupo, ya que es un alivio saber que tienes un sitio donde poder expresarte sin tabúes, y donde aprender todo lo necesario para poder sobrellevar el día a día del tratamiento.

Doy gracias a mis padres y a mi hermana por ayudarme siempre y apoyarme en estos momentos tan difíciles ya que sin ellos hubiera sido imposible.

Y por supuesto al centro y al grupo por hacer que me supere día tras día y así pueda construir una nueva vida. Soy consciente de que tengo una enfermedad que es para toda la vida y por eso sigo luchando gracias a todo lo aprendido y a lo que queda por aprender.

Saludos

Si necesita ayuda, no dude en ponerse en contacto con nosotros. Nuestro equipo de profesionales ofrece asesoramiento para abordar juntos la manera más efectiva de afrontar el problema en cuestión y potenciar unos hábitos sanos, que ayuden al paciente en su total recuperación.